Estás haciendo lo mejor que puedes y eso ya es suficiente
![]() |
| Foto de Sergey Reva ✌🏻 / SGPNMV en Unsplash |
El corazón late rápido, la garganta se cierra, parece que el aire no alcanza. Tus manos tiemblan, tu pecho se siente apretado y hay un vacío extraño en el estómago. Esa sensación difusa de que algo malo va a pasar se instala como una sombra. Y lo peor es que nadie más parece verlo.
Si lo has vivido, sabes lo duro que es explicarlo. Desde afuera parece invisible, pero por dentro es un huracán. Tratas de controlarlo, pero el cuerpo no responde. Te preguntas qué está mal contigo, y ahí es cuando la mente empieza a golpear con más fuerza.
Quiero detenerme aquí y recordarte algo importante: no es tu culpa.
Lo que sientes no te hace débil. No te hace rara.
Tu cuerpo está reaccionando con lo único que sabe en ese momento. Y créeme: estás haciendo lo mejor que puedes, y eso ya es suficiente.
Cuando el cuerpo se acelera sin razón aparente
A veces, sin previo aviso, los síntomas aparecen: palpitaciones, mareo, sudor frío, pensamientos que se desbocan. Se siente como una amenaza, como si algo estuviera por suceder. Pero en realidad lo que ocurre es que tu sistema está en alerta máxima, encendiendo todas las alarmas aunque no haya peligro real.
Es agotador porque no se entiende fácilmente. No hay una herida visible, no hay un “diagnóstico rápido” que puedas mostrar. Y sin embargo, el sufrimiento es real.
Lo que puedes recordarte en medio de la tormenta
Sé que cuando tu cuerpo está tomado por esas sensaciones, no siempre es posible aplicar técnicas complejas. Por eso quiero dejarte recordatorios simples, pequeños anclajes a los que puedas acudir:
-
Respira como puedas, no como deberías. No te presiones a respirar “perfecto”, simplemente pon una mano en tu abdomen y siente cómo entra y sale el aire.
-
Nombra tres cosas a tu alrededor. Mirar y decir en voz baja: “veo la mesa, veo la lámpara, veo la ventana” puede devolverte al presente.
-
Permítete escribir lo que sientes. Aunque sean frases cortas como “me siento atrapada”, el simple hecho de sacarlo de tu mente ayuda a bajar la intensidad.
-
Recuerda: esto va a pasar. Ningún episodio dura para siempre, aunque en el momento parezca interminable.
Y sobre todo, háblate con ternura. En lugar de exigirte “contrólate ya”, prueba con: “estoy aquí, estoy haciendo lo mejor que puedo, y eso basta”.

Comentarios
Publicar un comentario