El crepúsculo interior: cómo vivir las transiciones emocionales con calma
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| Foto de Artem Kovalev en Unsplash |
Hay momentos en la vida que no son del todo claros. No estamos en la luz plena de lo conocido, ni tampoco en la oscuridad definitiva de lo nuevo. Estamos en medio. En transición.
A ese lugar intermedio yo lo llamo crepúsculo interior.
El crepúsculo como espejo del alma
El crepúsculo no ocurre solo en el cielo, con colores imposibles y sombras largas. También ocurre dentro de nosotros. Es ese instante emocional en el que dejamos atrás lo que fuimos, pero todavía no descubrimos quiénes seremos.
A veces se siente como un duelo silencioso: una despedida sin ceremonia.
A veces como vértigo: el corazón late rápido porque la mente no entiende si está perdiendo o ganando.
Otras veces como calma extraña: sabemos que algo muere, pero también que algo nace.
El crepúsculo nos recuerda que la vida no es estática: siempre estamos en tránsito, en movimiento, en transformación.
El claroscuro de las emociones
En estos crepúsculos internos, las emociones no aparecen solas ni limpias. Se mezclan como los colores del horizonte:
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nostalgia y alivio,
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miedo y deseo,
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tristeza y esperanza.
Y aunque parezca caos, en realidad es la naturaleza misma de lo vivo: nada permanece puro, todo se tiñe, todo se transforma.
Aceptar eso nos libera. Nos recuerda que no tenemos que ser consistentes todo el tiempo. Podemos ser contradicción. Podemos ser mezcla.
Cómo habitar el crepúsculo
La pregunta es: ¿qué hacemos cuando estamos en ese umbral emocional?
No se trata de huir, ni de forzar claridad. Se trata de habitar la transición.
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Permitirnos sentir, incluso si duele.
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Escribir lo que pasa dentro, aunque no tenga forma.
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Encender una vela, respirar, y dejar que el cuerpo sepa que es seguro estar ahí.
Una práctica simple que ayuda mucho es llevar un cuaderno personal. No como diario perfecto, sino como un refugio de palabras donde volcar emociones y pensamientos sin censura. Escribir no ordena mágicamente la vida, pero sí abre espacio para escuchar lo que realmente sentimos.
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Somos tránsito
El crepúsculo nos enseña algo esencial: no hay finales absolutos ni comienzos puros. Solo transiciones.
Así como el día no muere de golpe y la noche no nace de repente, nosotros tampoco cambiamos en un instante.
Somos seres crepusculares: siempre deshaciéndonos y formándonos al mismo tiempo.
Siempre entre lo que fuimos y lo que aún no somos.
Y quizá ahí está la belleza: aceptar que el temblor también es vida. Que lo incierto, aunque asuste, también abre caminos. Que cada final guarda un germen de renacimiento.
El crepúsculo, afuera y adentro, nos recuerda que somos vulnerables y eternos a la vez. 🌑🌅

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